Ficha técnica:Un mundo para Julius
Alfredo Bryce Echenique
Ed. Anagrama, 4ª ed., 2005
Col. Narrativas hispánicas
978-84-339-0989-3
Sinópsis:
Ficha técnica:Nacido en Lima (Perú) en 1939. Realizó sus estudios primarios y secundarios en colegios regidos por profesores norteamericanos e ingleses. En la peruana Universidad Nacional de San Marcos obtuvo los títulos de abogado y doctor en Letras. En 1964 se trasladó a Europa, con prolongadas estancias en Francia y España. Ahora reside de nuevo en Perú. Es uno de los autores hispanoamericanos más traducidos del momento.
Obras:
Novela
Dos señoras conversan (1990)
El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985)
El huerto de mi amada (2002). Premio Planeta de Novela en 2002.
Guía triste de París (1999)
La amigdalitis de Tarzán (1999). Premio Grinzane Cavour (narrativa extranjera/ Italia) en 2002.
La última mundanza de Felipe Carrillo (1988)
La vida exagerada de Martín Romaña (1981)
Las obras infames de Pancho Marambio (2007)
No me esperen en abril (1995)
Reo de nocturnidad (1997)
Tantas veces Pedro (1977)
Un mundo para Julius (1970). Premio Nacional de Literatura de Perú en 1972.
Cuentos
Cuentos completos (1995)
Goig (1987)
Huerto cerrado (1968)
Magdalena peruana y otros cuentos (1986)
La felicidad ja ja (1974)
Crónicas y memorias
A vuelo de buen cubero y otras crónicas (1977)
A trancas y barrancas (1996)
Crónicas perdidas (2002)
Crónicas personales (1988)
Entre la soledad y el amor (Ed. Debate, 2006)
Para que duela menos (1995)
Permiso para sentir (Antimemorias II) (2005)
Permiso para vivir (Antimemorias) (1993)
Pablito es, a simple vista, un niño más en la escuela. Mastica el culo de los lápices, como los demás. Y como los demás le gusta el olor del pegamento y las pequeñas tijeras azules que más que cortar estropean. Pero hoy se ha olvidado de esperar en el vestuario a que los demás niños se marcharan y se han reído de lo pequeña que la tenía.
Andaba devorando una manzana asada, con mis calzoncillos favoritos y los calcetines más cómodos que tengo (dejan los dedos a su aire y no hacen sudar) cuando llamaron insistentemente a la puerta. Yo vivía en un cuartucho demencial, en compañía de un jergón con más cucarachas que paja y una pila estúpida de libros incapaz de enseñar nada (¡Un buen libro!, solo pedía eso). No estaba nada contento aquella mañana y ni siquiera me tomé la molestia de limpiar el caramelo que resbalaba por mi barbilla. Algo de lo que me arrepentí en el mismo instante en que abrí la puerta. Unas piernas largas como cuellos de jirafa desembocaban en un embutido sinfín de carne bien proporcionada. Tenía unos ojazos camaleónicos que cambiaban según el lugar en que los posara. Hubiera soportado con buena cara su cuerpo rebotando contra el mío.